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Las mujeres que nos gobiernan y el dolor de los demás

A Cristina Kirchner y Mónica Fein se las vio conmovidas en el lugar de la tragedia. Ninguna escondió la tristeza, la turbación y la desolación de lo sucedido reflejada en sus rostros

Virginia Giacosa/Opinión

La sociedad nos enseñó a las mujeres que podíamos llorar. Como contracara, le inculcó a los varones que no debían hacerlo y mucho menos mostrarlo. Se suele pensar que si uno se quiebra o muestra su dolor pierde fortaleza o carácter. Eso no parece importarle a las mujeres que nos gobiernan –tanto en la Nación como en la ciudad– que quedaron registradas en las fotos de la tragedia de Salta al 2100 con gestos de dolor, conmovidas ante el sufrimiento de los demás que en esta oportunidad ellas hicieron propio.

A Cristina Kirchner y Mónica Fein, las dos mujeres que hoy nos gobiernan en la Nación y en el municipio, no hizo falta verlas llorar para descifrar el pesar y la turbación que sentían ante el panorama que dejó la explosión ocurrida el martes. Aunque a veces al llegar a ciertos lugares de poder las mujeres corren el riesgo de masculinizarse, la presidenta y la intendenta marcaron la diferencia ayer. La tristeza quedó retratada. El semblante de cada una y sus ojos, el caer de sus ojos, eran el espejo más fiel de las imágenes que miraban.

Apesadumbrada llegó la intendenta minutos después de la tragedia. La mandataria local arribó al lugar apenas ocurrido el desastre y cuando todavía la situación no estaba controlada. Ni siquiera se había cortado el escape de gas que impedía apagar el fuego que avanzaba sobre el edificio, pero ella estaba ahí a cara lavada y con ojos de desolación.

Dos días después y tras regresar al país de un viaje al exterior, llegó Cristina a Rosario. En medio de cierto sigilo, la mandataria presidencial hizo una recorrida por la zona del derrumbe sin custodia especial, sólo acompañada del secretario de Seguridad, Sergio Berni, que estaba en la ciudad desde el día anterior.

A una y a otra alguien las insultó al verlas en el lugar. Sin embargo, ellas estaban ahí. Firmes, sin grandes operativos de seguridad y sólo con la presencia de algún funcionario cercano. Resistiendo en silencio la afrenta que nunca podía ser mayor ni más cruel que el escenario de la catástrofe. 

Con vestido negro, del luto que lleva desde la muerte de su esposo Néstor Kirchner y nunca más a tono con el duelo de la ciudad, Cristina se metió prácticamente entre los escombros donde equipos de la Nación, la provincia y la Municipalidad trabajan, coordinados como nunca, en la búsqueda de las 11 personas que siguen desaparecidas.

"Fueron vestidas de mujeres", dijo alguien con sorpresa en la Redacción cuando veía la imagen de Cristina subiendo a un tapial. Con la ayuda de dos rescatistas, la presidenta hacía equilibrio sobre sus tacos, con un zapato apoyado en lo que quedaba de una pared y otro en el suelo. 

Impacta también ver la foto que muestra a la presidenta abrazada con fuerza a una operaria de Defensa Civil municipal que llora entre emocionada y abatida. Con la mirada en alto y atenta a un horizonte gris plagado de escombros, Cristina rodea con los brazos a la mujer recostada en su pecho. La guarda, la acuna, sin perder el gesto de conmoción.

Porque a las mujeres también nos enseñaron que el afecto y el resguardo eran parte del combo femenino. Vulnerables pero protectoras.

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