El peligro de gobernar desde el espejo retrovisor

En la gestión pública, la transparencia no es solo un deber legal, sino una herramienta fundamental para construir confianza. Sin embargo, cuando la comunicación institucional deja de informar para empezar a señalar, y cuando los canales oficiales de una Comuna se transforman en un terreno de disputa política personal, el perjudicado no es un partido político, sino el tejido social de todo un pueblo.

La gestión es para todos, el resentimiento para nadie

Un gobernante, una vez que asume su cargo, deja de representar a una facción para convertirse en el representante de cada vecino. Cuando se utiliza la comunicación pública para atacar sistemáticamente a la "gestión anterior", se envía un mensaje divisivo: se segmenta a la comunidad entre "nosotros" y "ellos". Gobernar para todos implica entender que la campaña terminó y que la prioridad debe ser la construcción de puentes, no la excavación de grietas.

El silencio que aturde: ¿Dónde está la Vicepresidencia?

Pero el resentimiento no es el único problema. La falta de información clara sobre el funcionamiento actual de la Comuna es alarmante. Hoy el pueblo se pregunta, entre rumores y versiones encontradas, qué sucede con la figura de la Vicepresidenta y Tesorera.

No es un tema menor: hablamos de la persona que la gente eligió y que el propio Ejecutivo designó para áreas vitales como Acción Social, Deportes, Cultura y Educación. Su ausencia de las oficinas comunales es evidente, pero el silencio oficial es total. ¿Está de licencia? ¿De vacaciones? ¿O es cierto lo que dicen las versiones de pasillo sobre una ruptura interna?

La ciudadanía tiene derecho a saber quién está a cargo de la asistencia social y de los fondos del pueblo. El secretismo en una institución pública es la antítesis de la democracia. Un gobierno que se jacta de denunciar "herencias" debería empezar por dar el ejemplo de transparencia en su propio gabinete.

El riesgo de la polarización local

En comunidades donde todos nos conocemos, la retórica del enfrentamiento escala rápido. Fomentar la división desde las redes institucionales no soluciona la deuda económica, sino que genera una "deuda social" mucho más difícil de pagar: la de la convivencia democrática. La ciudadanía espera soluciones y proyectos, no diagnósticos permanentes sobre el pasado mientras el presente se desdibuja en la incertidumbre.

Conclusión

La conclusión es tan clara como preocupante: cuando se elige gobernar a través del resentimiento y el silencio sobre los propios problemas internos, se claudica en la misión de unir. Fomentar el odio desde el púlpito oficial puede dar un rédito político inmediato entre los propios, pero a largo plazo deja una herida social profunda.

Es hora de que la comunicación oficial recupere la altura institucional y responda las preguntas que el pueblo se hace. El bienestar de Centeno no se construye con posteos de rencor, sino con transparencia, presencia y la grandeza de gobernar para todos.

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