Centeno - El peligro de confundir el Estado con un club de amigos
Por: Info Regional
En los últimos días, los habitantes de Centeno hemos escuchado un relato cargado de entusiasmo oficial. Se nos habla de una gestión histórica, de obras que llegan por todos lados y de un pueblo que se transforma de la noche a la mañana. Como vecinos, cualquier avance nos alegra; pero como periodistas, nuestra obligación es encender la luz de la duda, mirar la letra chica y, fundamentalmente, hacer las preguntas que el poder prefiere evitar.
El primer punto que debe alarmarnos como ciudadanos es la peligrosa pérdida de la institucionalidad. Escuchamos al presidente comunal celebrar públicamente el alineamiento en "línea directa" con el Gobierno Provincial y con ministerios clave, llegando a nombrar de manera explícita a la ministra de Desarrollo Social, Victoria Tejeda, para justificar la llegada de recursos y obras de infraestructura urbana que, paradójicamente, nada tienen que ver con la cartera que ella dirige. Todo bajo el argumento de que son "como hermanos de la vida".
Ante esto, cabe preguntarse de manera urgente: ¿Las obras públicas en Santa Fe son un derecho institucional que le corresponde a los habitantes de Centeno por el simple hecho de pagar sus impuestos, o son un regalo discrecional que depende de la simpatía partidaria o el amiguismo del gobernante de turno? Al plantear la gestión como un logro de la "hermandad política", se degrada la democracia. Si mañana el color político de la provincia cambia, ¿Centeno se queda sin obras? El Estado no es un club de amigos; los fondos públicos pertenecen a todos los santafesinos, no a un partido.
Pero vayamos a los datos concretos, esos que la propaganda oficial maquilla con adjetivos grandilocuentes.
Se anunció con entusiasmo la llegada del financiamiento para capacitar a vecinos como gasistas matriculados ante la futura obra del gas natural por la Ruta 34. La formación laboral siempre es una excelente noticia, pero el anuncio oficial carece de definiciones en el tiempo. Se genera una enorme expectativa de empleo en la comunidad, pero no se aclara cuándo llegará la obra civil en tiempo y forma para que esos futuros trabajadores tengan un mercado real. Lanzar capacitaciones sin plazos concretos para la infraestructura es empezar la casa por el techo, generando un entusiasmo que corre el riesgo de quedar en la nada si la obra se dilata en los laberintos del mediano o largo plazo.
Lo mismo ocurre cuando se habla con orgullo de la obra de ripio hacia Santa Catalina en la Ruta 229. Se omite decir que, según las propias matemáticas oficiales, apenas se han ejecutado un poco más de 3.000 metros de un total de 10 kilómetros. Al ritmo actual, ¿cuántos años faltan para terminar el camino troncal? Y lo que es más grave: se celebra que los productores rurales estén aportando dinero de su propio bolsillo para financiarla. El sector agropecuario ya sostiene al Estado con tasas de vialidad rural, impuestos y retenciones asfixiantes. ¿Por qué el vecino del campo tiene que volver a pagar para tener un camino transitable? ¿Dónde está el esfuerzo presupuestario de la propia Comuna?
En el plano urbano, se utiliza políticamente una deuda de los años 90 para justificar el presente plano de pavimentación, pero no se rinden cuentas claras. Si con los fondos provinciales se sostiene que hicieron 6 cuadras con el presupuesto de 5, la transparencia exige mostrar los números: ¿Dónde está guardado ese excedente de material, cuál es su valor real y en qué vereda o acceso del pueblo se va a volcar? La transparencia se demuestra con papeles públicos sobre la mesa.
Finalmente, el programa "Mil Aulas" expone otra realidad que se intenta tapar: la inflación y la demora estatal. El propio municipio reconoce que los fondos llegaron desactualizados a valores del año pasado y que deben "salir corriendo" a comprar materiales. Si la plata no alcanza, ¿quién va a pagar la diferencia? ¿Terminarán las tasas que pagamos todos los vecinos de Centeno cubriendo los baches financieros del gobierno provincial?

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