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La lucha de los trabajadores de LT 3, LT 8 y La Capital - UNA MUY BUENA NOTICIA: LA SOLIDARIDAD EXISTE

Por Carlos del Frade.
Los años noventa marcaron el inicio de una burguesía rantifusa que se hizo cargo de los medios de comunicación nacionales y regionales. Semejante concentración informativa diseñó una conciencia individualista, cínica y ajena al compromiso político y gremial. Como bien dice Eduardo Galeano, “los medios justifican los fines del sistema”. Eso ocurrió y todavía sucede en la Argentina del tercer milenio. Sin embargo los trabajadores de LT 3, LT 8 y del diario “La Capital”, demostraron que el supuesto poder de los grandes empresarios también tiene un límite: la organización de los compañeros, la solidaridad concreta y la conciencia de clase. El intento de despedir casi tres decenas de trabajadores de prensa de parte del denominado Grupo Uno no solamente encontró una fenomenal resistencia sino que demostró que esa palabrita, solidaridad, todavía existe y goza de muy buena salud en estas pampas. Esta es la crónica de una victoria que puede y debe multiplicarse. Una respuesta humana a formas deshumanas de simples intereses oligopólicos. Y un desafío para que haya cambios en serio en la Argentina, la provincia y la ciudad.

La noticia está en las calles... 

Veintiséis trabajadores de prensa de LT 3 y LT 8 recibieron telegramas de despido sin causa en los últimos días de marzo de 2010. No iban a ser felices pascuas para ellos. La decisión formaba parte de la lógica del ajuste de uno de los oligopolios que concentra una gran cantidad de empresas comunicacionales en su poder, el llamado Grupo Uno, cuyos responsables son Daniel Vila, Alfredo Vila Santander y José Luis Manzano, el ubicuo ex ministro del Interior de Carlos Menem, tristemente célebre por su frase: “Robo para la corona”.

Desde el año 2009 la burocracia empresarial que tiene en sus manos los destinos de estas dos radios, columnas vertebrales de la identidad cultural de Rosario y la región durante décadas, se había encargado de difundir la supuesta necesidad de recortar el número de trabajadores en los medios locales, entre ellos el diario fundado por Ovidio Lagos el 15 de noviembre de 1867, “La Capital”, la nave insignia del mencionado Grupo Uno por el monto de facturación mensual en todo concepto.

El Sindicato de Prensa de Rosario decidió enfrentar esta política con una clara definición de producir permanentes asambleas en los lugares de trabajo y una constante militancia de sus delegados.

El miércoles 31 de marzo, los trabajadores del diario “La Capital” decidieron parar sus actividades por tiempo indeterminado en solidaridad con los despedidos de las radios. Fue un hecho luminoso e inédito. No los habían tocado, sin embargo encarnaron la consigna de que si tocan a uno, tocan a todos. Y llevaron adelante una huelga de una semana que le partió el espinazo a la resolución empresarial. En forma paralela, LT 3 y LT 8 paralizaron sus transmisiones a pesar de que hubo algunos intentos de seguir con las emisiones de los programas, cosa que rápidamente fue superada por la decisión del conjunto de los empleados.

El recuerdo del último paro de los trabajadores del diario “La Capital” lleva el almanaque hasta abril de 1974, en aquellos días donde la Selección Argentina de fútbol se preparaba para participar del Mundial de Alemania y vino a jugar a la cancha de Ñuls con un combinado rosarino donde brilló el Trinche Carlovich y Mario Kempes. Los rosarinos le dieron un baile de antología al equipo de Vladislao Cap y ganaron 3 a 1. Esa crónica jamás apareció en el diario de los Lagos por aquella huelga. Desde entonces no se había producido otro paro, salvo una larga lucha de los trabajadores gráficos en los años ochenta.

Treinta y seis años después, la historia cambió.

Comenzó, entonces, una guardia permanente a las puertas de las emisoras y el diario, se programaron cronogramas de piquetes preventivos para evitar la presencia de carneros y evitar, de esa manera, que se quebrara la decisión de la asamblea de la multisectorial de los medios de comunicación de Rosario.

La patronal llevó adelante la publicación de un diario de pocas páginas, escritas por ex periodistas hoy devenidos en tristes escribas obedientes del oligopolio, primero impreso en las rotativas de “Ambito Financiero”, en Capital Federal, propiedad de Orlando Vignatti, socio de los mendocinos y todavía gerente del diario histórico de los rosarinos; y después en Paraná y por último en “El Cronista Comercial”. Fueron ediciones patéticas que confundían la camiseta de Central con una “albinegro”, donde no hubo muertos ni avisos clasificados y donde en la sección ciudad aparecían datos reveladores de la capital entrerriana.

Pero esos diarios no llegaban a los kioskos gracias a las brigadas de pescadores de diarios que recorrían los puestos de venta para sugerirle a los canillitas que se solidarizaran con los periodistas que ya a esa altura gozaban del apoyo de los gráficos, personal administrativo, locutores y operadores. Aunque algunos decidieron vender ejemplares que les eran regalados y distribuidos en mano por los mismísimos gerentes del multimedios, la mayoría de los kioskeros decidieron no repartirlos y entregarlos a la muchachada que garantizaba la no llegada de “La Capital” ni en horario ni en forma. Los que se negaban a participar de la lucha de los trabajadores argumentaban una vieja huelga de canillitas que no fue apoyada por la entonces comisión directiva del gremio de prensa. Hoy la realidad era otra, diferente, pero no hubo caso. Primó una falsa conciencia de clase y un profundo individualismo que algún día será corregido por la pura evolución de la comprensión colectiva de los conflictos sociales. Los canillitas son trabajadores. Bien lo decía el escritor anarquista Florencio Sánchez en cuya memoria se inspira el día de los obreros del sector. Por otro lado, en un claro ejemplo de la bajeza empresarial, algunos de estos funcionarios de la burocracia del multimedios entregaron diarios a los pibes de la calle, a los trapitos, a los que generalmente desprecian.

Durante las frías noches de los primeros días de abril, era conmovedor ver a las compañeras y los compañeros de los distintos gremios acompañados por sus familias, sus hijas e hijos escribiendo y dibujando papeles que luego se sumaban a la redecorada pared del diario. Y junto a ellos, en todo momento, la luminosa pibada del grupo Giros, la organización que está llevando un maduro, paciente y permanente trabajo de unidad en el barrio Nuevo Alberdi. Traían su guitarra, rotaban y se encargaban tareas que iban desde la limpieza hasta la distribución de volantes. También estuvieron desde el arranque del paro los combatientes de Malvinas con su cocina de campaña, hornito móvil cargado de mate cocido y arroz que vinieron muy bien en jornadas cargadas de incertidumbres y bajas temperaturas.

El Multimedios no habrá podido creer semejante resistencia de los trabajadores del SUTEP, Gráficos, Locutores, Operadores y de Prensa rosarinos. Acostumbrados a reducir hasta el mínimo imaginable las redacciones y hacer trabajar a sus empleados en decenas de medios al mismo tiempo en un claro ejemplo de explotación laboral ahora llamada eufemísticamente multiplicidad de tareas, los funcionarios del oligopolio todavía no entenderán por qué cuesta tanto imponer sus deseos en Rosario.

Alguna vez, en mayo del año 2000, cuando el grupo decidió el cierre del diario “El Ciudadano”, un lúcido trabajador de prensa gritó, megáfono en mano: “Vila, entendelo, Rosario no es Mendoza. Es una cuestión de geografía básica”.

Pero esa no fue la única señal de la permanencia de la memoria colectiva.

Entre las canciones más coreadas en la movilización de casi diez mil rosarinos en solidaridad con los trabajadores de las radios y los medios, hubo una que decía: “Acá en Rosario hay una banda delincuentes que cierra diarios, echa a la gente y tiene a Vila y Manzano al frente”. Aquellos versos callejeros fueron paridos en las jornadas de mayo del año 2000. Presencia vital de la memoria. Puente concreto que también explica la solidaridad de los trabajadores de todas las ramas del diario “La Capital” que terminó siendo la que volcó el conflicto a favor de los trabajadores.

Son los tiempos de la conciencia colectiva. Van más allá de las urgencias individuales pero cuando aflora no queda otra cosa que festejar semejante momento de victoria.

El acto del sábado, la marcha portando la bandera más larga del mundo desde las radios hasta el edificio de calle Sarmiento estuvo cargado de mística y emoción.

Con la presencia de numerosas organizaciones sociales y políticas fue muy clara la unidad entre las cúpulas de las dos centrales obreras argentinas, la CTA y la CGT. Una señal de poder que tuvo repercusión no solamente en la provincia de Santa Fe, sino también en las altas esferas del poder político nacional.

De allí que el miércoles 7 de abril, en las oficinas del Ministerio de Trabajo de la Nación, los operadores del Grupo Uno no tuvieron otra alternativa que acatar la conciliación obligatoria y retomar a los despedidos.

En Santa Fe el ministro del área, Carlos Rodríguez, también la había dictado apenas aparecieron los telegramas pero el oligopolio no la acató.

Fue un triunfo de la clase trabajadora.

Una reivindicación concreta de la palabra solidaridad.

En tiempos atravesados por el cinismo, el individualismo y la indiferencia que multiplican ciertos grandes medios de comunicación, el paro de los trabajadores de prensa, gráficos, de administración, locutores y operadores, demostró que todavía es posible la esperanza cifrada en la existencia palpable de palabras tales como solidaridad.

Ante empresarios que se creen impunes y que deciden tirar a la calle a veintiséis familias como si fueran muebles y útiles viejos, la lucha de la intersindical de medios de Rosario demuestra que el humanismo todavía goza de buena salud y está vivo.

En esa última semana de marzo de 2010, varios medios de comunicación nacionales y de toda América latina reprodujeron la información de que en ciertas universidades de Estados Unidos y Europa comenzaban a producir robots que tenían como destino la producción y redacción de noticias para reemplazar a los periodistas de los diarios y las radios.

Como bien dice el secretario general del Sindicato de Prensa de Rosario, Edgardo Carmona, “más allá de lo que digan los empresarios, los medios de comunicación tienen su principal insumo en los trabajadores que son seres humanos que necesitan estar muy bien calificados para hacer un mejor producto y eso se tiene que respetar”, sostuvo el dirigente que no dejó de sostenerse ni un solo momento en la unidad de las asambleas de base.

Este conflicto también debe insertarse –y de hecho así lo leyó y lo aprovechó el oficialismo nacional representado en la figura del diputado Agustín Rossi- en la puja por la aplicación y ejecución real de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, una de las pocas leyes que goza de un consenso social extraordinario y que va muchísimo más allá de los deseos del propio gobierno. Lo que habrá que corregir, lo que habrá que anular es la vigencia del decreto 527 de mayo de 2005, firmado por el ex presidente Néstor Kirchner, que prorroga la concesión por diez años de las licencias de explotación que tienen estos mismos oligopolios que hoy enfrentan sus políticas. Es hora de recortar los créditos blandos, las pautas publicitarias, continuar con los juicios por el supuesto delito de lavado de dinero y anular las concesiones otorgadas para la explotación de áreas petroleras y energéticas en los últimos años. Allí se verá que la voluntad política de las alturas estará en consonancia con la fenomenal demostración solidaria y de poder que llevaron adelante los trabajadores de las radios y el diario.

En aquel despido masivo del diario “El Ciudadano & La Región”, de mayo de 2000, un trabajador de prensa que había ganado un “Martín Fierro”, le dedicó el reconocimiento a sus compañeros despedidos diciendo que los periodistas que todos los días informan sobre la desocupación y la pérdida de fuentes de trabajo nunca son noticia cuando ellos, los periodistas, son los despedidos.

Diez años después, algo cambió.

Y ese cambio es necesario celebrarlo.

Uno de los delegados de los compañeros de LT 3, Pablo Kasabián, resumió de una manera simple y profunda las sensaciones del conflicto: “Cuando llegaron los telegramas de despidos sentí lo mismo que cuando murió mi viejo. Y cuando el miércoles dictaron la conciliación y supe que todos volvíamos a trabajar, sentí lo mismo que cuando nació mi hija”.

Esa dimensión existencial es la diferencia entre los ajustes que quieren imponer los oligopolios y las grandes empresas, medidas deshumanizadas que no tienen en cuenta la realidad humana de los trabajadores.

Por eso hay que celebrar la lucha que llevaron adelante los trabajadores de los medios de comunicación rosarinos durante los últimos días de marzo y los primeros de abril de 2010.

Allí le dieron una gran noticia a los habitantes de estos atribulados arrabales del mundo, la solidaridad está viva y goza de buena salud en la ciudad de Rosario.

Un poco de historia
El excelente portal informativo de la cooperativa de periodistas La Vaca, publicó este informe sobre el Grupo Uno el 27 de julio de 2004.

Allí se leía que “los diputados de la Comisión Investigadora recibieron el 21 de junio de 2001 un informe de la Sindicatura General de la Nación (Sigen), sobre supuestas maniobras de lavado de dinero en la compra de medios de comunicación por parte del grupo Vila-Manzano”.

“La investigación de la Sigen se centró en el otorgamiento de licencias al multimedio de Daniel Vila y José Luis Manzano, que entre 1994 y 1999 habría realizado negocios por mas de 600 millones de pesos.

“La Sindicatura confeccionó un mapa con los medios en los que el holding realizó sus principales inversiones, básicamente en el interior del país, en Mendoza y la Mesopotamia. En él figuran el diario Uno, la revista Primera Fila, una empresa de cable, cuatro radios, tres canales de televisión y un porcentaje en las acciones de otras cinco emisoras AM y una FM.

“Cinco meses después, la periodista Susana Viau relataba así otra investigación oficial sobre los negocios del Grupo: “Una denuncia ante la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP) sostiene que el ex ministro menemista José Luis Manzano y su socio, el empresario mendocino Daniel Vila, cometieron infracciones a la Ley Penal Tributaria “y lavado de dinero de Manzano” por más de 400 millones de dólares “obtenidos ilícitamente durante su paso por la función pública”. La presentación de Bernardo Martín Rutti pivotea sobre el prodigioso crecimiento del grupo Vila-Manzano en materia de comunicaciones, compra de cables, medios gráficos y radios, en el país y en el exterior. El denunciante aportó, asimismo, las rutas empleadas para la supuesta evasión y el presunto lavado. Según Rutti, los capitales depositados en el exterior reingresaban al país a través del Citicorp Banco de Inversión. Se sospecha con sólidos fundamentos que algunas de estas operaciones estarían incluidas en la documentación que tuvo en cuenta el subcomité del Senado norteamericano que investiga el lavado de dinero. La pista podría haber sido seguida a través de Seabrook, una sociedad de Manzano domiciliada en Montevideo, cuyo apoderado es Nicolás Martín Becerra (hijo del procurador general de la Nación) y que habría operado con el Federal Bank. El denunciante Rutti, que según pudo establecer Página/12 es un ex empleado del grupo Vila, detalló con prolijidad el tipo de inversiones ” no declaradas o declaradas por montos inferiores” a las que hace referencia en su presentación a la AFIP. Asegura que los iniciadores del negocio de Supercanal S.A. fueron la familia Vila en acuerdo con la de otro coterráneo, Orlando Terranova. En 1995, el vínculo entre ambas se debilitó y los Terranova acabaron vendiendo su participación accionaria. El comprador fue nada menos que uno de los líderes de la “contra” de Miami, el anticastrista Jorge Mas Canosa a través de la firma Mas Tec Inc. y se hizo a un valor de 18 millones de dólares, aunque afirma Rutti “fue declarada a un precio mucho menor”.

“No es ésa la más dura de las señalizaciones de Rutti, quien asegura que en realidad la participación de Mas Canosa se limitó a poner su nombre dado que el verdadero inversionista era el también mendocino José Luis Manzano, imposibilitado de reaparecer después de su desdoroso alejamiento de la función pública con una inyección de dólares de semejante envergadura. “Prueba de ello -relata Rutti- es que el grupo Mas Tec, figurando con el 28,80 por ciento de las acciones de Supercanal Holding S.A. nunca tuvo ningún representante en el directorio y que Adelina Dalesio de Viola, que fuera viceministra de Manzano en el Ministerio del Interior, figuraba como apoderada de ese grupo.” Por el contrario, en el directorio de Supercanal figuraban como presidente Daniel Vila y en calidad de directores Alfredo Vila Santander, Neil Bleasdale, Mariano Lucero, Sergio Ceroi, Guillermo Bordallo, José Luis López, Nicolás Martín Becerra y… José Luis Manzano.

“En esas fechas el ex Guardia de Hierro, llamado “Chupete” en ambientes políticos y “Cototo” en Tupungato, su pueblo natal, había regresado al país con low profile, de la mano de su por entonces compañera sentimental y socia, la modelo Alejandra Massilo. Dejaba un prolongado ostracismo en Estados Unidos que, en sus últimas estribaciones, no le impidió concurrir a las recepciones organizadas por círculos republicanos en agasajo a personajes del justicialismo.

“A partir de ese momento, cuenta Rutti, “el grupo tuvo un rápido e injustificado crecimiento económico comprando gran cantidad de cables en el interior del país, con una inversión del orden de 300 millones aportados por Manzano. Luego obtuvieron créditos del banco ING Baring completando el raid de inversiones en medios de comunicación que se llevó a cabo entre los años 1995-1997″.

“De acuerdo a la presentación, en ese período la sociedad Vila-Manzano compró o constituyó 25 empresas de televisión por cable con una cartera de 227 mil abonados. El área de las operaciones abarcaba la provincia de Mendoza y también las de San Juan, Catamarca, La Rioja, San Luis y Córdoba. Explicó Rutti que el precio promedio pactado fue de 1500 pesos por abonado, que era el estimado en esas fechas, y Vila reconoció en declaraciones formuladas en noviembre de 1998.

“Agrega que en 1997 Sucanal SA fue vendida a Daniel Vila y a Mirror Holding SRL a un precio de 9 millones y medio y también declarada en sumas mucho menores.

“Mirror Holding tenía su sede en la calle Cerrito al 700 de Capital Federal, donde funciona el estudio Beccar Varela. “En suma -informa Rutti-, desde la venida de Manzano concretaron 46 operaciones de compra o fusión en televisión abierta y por cable, radio y gráfica, conforme surge de la información suministrada por el grupo” y publicada por los medios en octubre de 1998.

“La presentación hecha a la AFIP refiere que para borrar las señales que pudieran conducir al verdadero origen de los fondos “se creó un entramado de sociedades controlantes de las sociedades titulares de las emisoras de cable” y precisa que en el caso de La Rioja (Cablecolor SA y TV Regional Centro SA) se encontraban a nombre de Jorge Camzutti, pero “su verdadero dueño era Carlos Menem (…). El apoderado de todas esas empresas es Nicolás Martín Becerra, quien comparte poder de administración con Oscar Apesteguía. La prueba de que pertenecen al grupo es que todos esos canales de cable emiten la misma señal que Supercanal”.

“La extraordinaria y más que llamativa expansión del grupo Vila-Manzano se puso en evidencia con la compra de cables en el extranjero con fondos procedentes de Argentina: en 1977, adquirieron en 7 millones el 25 por ciento de Procono -un canal de cable con telefonía- de las regiones de Castilla y León, en España. La inversión no fue declarada, pero sí reconocida por Daniel Vila en un matutino porteño el 22 de setiembre de 1997. Crearon, asimismo, Supercanal de Cable de España (constituida en Madrid el 23 de abril de 1997) con un capital de 20 millones de pesetas (100 mil dólares), aportando una inversión de alrededor de 150 millones de dólares procedentes de Argentina. Dos años después anunciaron en los diarios que habían vendido en 7 millones de dólares el 3 por ciento del paquete accionario a Unión Fenosa (empresa de energía eléctrica de España).

“Brasil fue otro de los objetivos comerciales del pujante grupo inversor: adquirieron VVC, Alvarez & Alvarez, Video Selimn, MEG, Teresópolis Electro Audio e Imagem; CATV Sat Litd, Spectrum Sistemas de Televisao. El precio pactado fue de algo más de mil dólares por abonado. La cartera de abonados de estas empresas sumaba 26 mil clientes. Del mismo modo se hicieron de cables en La Paz y Santa Cruz de la Sierra (Bolivia) por unos 10 millones de dólares. Igual que las anteriores, estas compras no fueron declaradas, aunque su titularidad la reconoció Daniel Vila ante los medios. Otra joya de la corona es Dominicana Supercanal, ubicado, obviamente, en República Dominicana.

“Entre 1993 y 1994, historia Rutti, el grupo invirtió 20 millones en el diario Uno y la revista Primera Fila. En 1997 pasó a poseer el 51 por ciento del diario La Capital, de Rosario; el periódico Nueva Hora, de Paraná; las emisoras LT3 Radio Cerealista y LT 8 de Rosario; radios de frecuencia modulada en las provincias de Santa Fe y Entre Ríos. “La sociedad compradora -expresó Rutti a la AFIP- fue Grupo Uno SA y parte de los pagos se realizaron por medio de instrucciones irrevocables de pago de Supercanal Holding SA libradas contra ING Baring para depositar los fondos en la cuenta SBC Warburg del Suiss Bank Corporation en Stanford, USA, la cuenta 101-WA-360783 abierta por el Banco Mendoza SA, conforme surge de la documentación que acompañó, firmada por Germán Ranftl, en esa época vicepresidente de ING Baring y en la actualidad funcionario del grupo Vila-Manzano. A través de esa cuenta se hizo el resto de los pagos en negro al grupo vendedor.”

“La lista de medios enumerados por Rutti como nueva propiedad del grupo Vila-Manzano es casi interminable. Merecen destacarse las compras del 72 por ciento al grupo Stornell (dueño del Canal 7 de Mendoza, 8 de San Juan, Radio Calingasta de San Juan, Radio FM Nuestra, de San Juan, y TV Río Diamante) por un monto de 92 millones, aunque declarado en un número menor. La operación incluyó a Los Algarrobos, un establecimiento vitivinícola con diferimiento impositivo, frondosa rama de los diversificados negocios del ex ministro del Interior. Vale mencionar, también, la compra en 1998 de Radio Rivadavia, propiedad del nosiglista Luis Cetrá, en 19.700.000, aunque los papeles marquen cifras más reducidas. En el apartado que Rutti dedica a describir los senderos recorridos por el dinero, cuya procedencia adjudica a la corrupción política y a la evasión fiscal es donde comienza la auténtica sorpresa. “El reingreso al país del dinero (…) lo hacía (el grupo) a través del Citicorp Banco de Inversión (…). La relación de Vila-Manzano con el Citibank la estableció el banquero Raúl Moneta”, afirma el ex empleado de los Vila. Rutti aclara que los accionistas titulares del Citicorp Banco de Inversión (absorbido en la actualidad por una entidad del mismo grupo -¡pero de menor capital!- el Citicorp Capital Market) eran Citibank Overseas Investments Corporation y Fideliter SA, sociedad inversora que está a nombre del abogado Damián Beccar Varela y miembros de su estudio jurídico.

“De acuerdo a la presentación de Rutti, para realizar la maniobra de reintroducción del dinero -y a modo de entidades controlantes- se formaron diferentes sociedades cuyos accionistas eran en el momento de su constitución los miembros del estudio Beccar Varela. A poco de andar, éstos eran sustituidos por el propio Daniel Vila, sus familiares o prestanombres. Tal operatoria se observó en el caso de G Uno SA y se reiteró luego con Uno Multimedios SA, Compañía Independiente de Contenidos S.A, TV Uno SA, Uno Gráfica SA (interviniente en la compra del diario La Capital), Uno Radios SA, Uno Pay SA, Superfone SA. Damián Beccar Varela es el abogado del grupo Vila-Manzano. “Otra modalidad que utilizaron para blanquear la introducción de los capitales de Manzano y las sumas provenientes de la evasión de las empresas del grupo -dice Rutti- fue fraguar préstamos de bancos y/o empresas extranjeras, preferentemente del Uruguay y de sociedades constituidas en el Caribe.”

La denuncia contiene un pormenorizado informe de las propiedades personales del ingenioso y emprendedor ex ministro e indaga hasta en sus tarjetas de crédito, que exhiben un gasto mensual de 30 mil dólares que no condice para nada con su declaración de impuestos”.

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